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BLOG AA. VV. Las Campas del Naranco

La consagración de la nueva iglesia de La Florida marca el inicio del adiós de Osoro

 

 

Inauguración Nuevo Templo de San Antonio de Padua

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El arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, dirá adiós de forma oficial a la que ha sido su diócesis durante siete años el próximo 12 de abril, festividad de la Pascua de Resurrección. Así lo anunció durante su homilía en la ceremonia de consagración del nuevo templo de San Antonio de Padua en La Florida, que ayer celebró su 50.º aniversario. La catedral ovetense será el lugar donde se celebrará el oficio, a las 18.00 horas, y durante la misa el obispo auxiliar de Oviedo, Raúl Berzosa, entregará a Osoro un báculo costeado por la diócesis asturiana. Su incorporación a la archidiócesis de Valencia, su próximo destino como obispo, está prevista para el día 18 de abril.

Pero la despedida comenzó ya ayer, en la inauguración de la nueva iglesia, llena a rebosar. Los responsables de la parroquia calcularon que habría cerca de mil personas, con el alcalde, Gabino de Lorenzo, a la cabeza. El ceremonial propio de la consagración comenzó a mediodía, con la procesión de entrada en el templo de los oficiantes, entre ellos su párroco, José Manuel García.

Los responsables de la obra, sufragada por los fieles y el Arzobispado y cuya primera piedra fue colocada el 6 de mayo de 2007, hicieron entrega simbólica del edificio, con una superficie total construida de 1.770,96 metros cuadrados -de los que 821,12 corresponden al templo-, a sus nuevos ocupantes, y Osoro bendijo el agua con la que se purificaron los muros y el nuevo altar.

Tras las lecturas, del «Libro de Nehemías» y de la «Primera carta del Apóstol Santiago a los Corintios», y el Evangelio, llegó la homilía. El Arzobispo destacó la «belleza y fuerza del templo mirado desde la fe», y tras definir a la Iglesia como un «bien social» agradeció a De Lorenzo la cesión del terreno sobre el que se levanta el nuevo templo. «No todos los que representan al pueblo consideran la iglesia como un lugar que hace un servicio tan importante como un hospital o una escuela», precisó Osoro. A continuación ungió el altar con su mano derecha, y tras incensarlo con tres movimientos dobles, ya consagrado, fue cubierto con un paño blanco y se encendieron los cirios. Un quemador impregnó la iglesia de olor, y el credo marcó el momento en que tres feligresas entregaron el cáliz para la eucaristía. La consagración, con el himno de Asturias, dio paso a la paz, momento en que los asistentes se felicitaron. El templo con el que habían soñado ya era una realidad.

El fin de la comunión sirvió para que Osoro entregase la llave del sagrario al párroco, que, emocionado, convocó a sus feligreses a la espicha que cerró la celebración. Los aplausos de los asistentes siguieron a la bendición de Osoro, otra despedida: «Que el Señor os bendiga siempre y os guarde».

 

 

Noticia publicada en: La Nueva España

 

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